Cuál es la ideología política-económica correcta

Si bien no hay un sistema político-económico perfecto. Si hay un sistema político-económico que mantiene la estabilidad económica en los países para los empresarios (los cuales generan empleo, innovación, etc.), pero que también es solidario socialmente (sin caer, en las falacias del socialismo). Esta ideología política-económica es “La economía social de mercado”, el cual es un sistema que, respetando las leyes del libre mercado, las libertades individuales y las regulaciones que deben garantizarse para que el modelo funcione adecuadamente; los combina brillantemente con un orden social que persigue la justicia social, dentro de un orden político democrático. Es decir, con este sistema, una nación, se beneficia de la eficiencia del mercado, y al mismo tiempo, usa esa eficiencia, para generar paz social.

La Economía Social de Mercado (ESM), es verdaderamente una doctrina progresista, como el ejemplo chileno en Sudamérica. Entonces ¿Para qué experimentar con modelos que han fallado, teniendo tan cerca de nosotros (aquí en Latinoamérica) a un sistema tan exitoso, como innegable e indudablemente lo es, el modelo chileno? ¡Nadie dice que hay que calcar el sistema tal cual, porque los contextos son diferentes! Pero, si hay que garantizar las condiciones necesarias (dejar la cancha plana) para obtener el desarrollo y una de ellas es dejar de intervenir en la economía como se les antoje. Un Estado que interviene demasiado, genera déficits fiscales, que se terminan pagando tarde o temprano.

Y, ¿por qué no es el mejor modelo la “socialdemocracia” o el “socialismo”?

Uno de los mitos frecuentemente arraigados entre los intelectuales y los políticos latinoamericanos, es considerar la experiencia de desarrollo nórdica integrada por Suecia, Noruega, Dinamarca, Finlandia e Islandia; como un ejemplo exitoso de socialismo y la prueba de que –supuestamente- ese modelo, sí funciona. Y lo considero mito, porque como lo veremos más adelante, estos países tienen una economía de mercado e instituciones capitalistas: propiedad privada de los medios de producción, integración a la economía global, sistema de precios libres basados en las leyes científico-económicas de la Oferta y la Demanda. Simplemente, que, al ser sociedades productivas y competitivas, hace muchos años (gracias al Liberalismo y la Economía de Mercado), decidieron, a través del denominado “Estado Benefactor”: repartir la riqueza generada entre sus habitantes cobrando altos impuestos a las clases más favorecidas de la sociedad nórdica. Pero, la sociedad paga impuestos allí, porque sabe que estos se reinvertirán en beneficio de sus propios habitantes y no irán a parar en los bolsillos de la corrupción o el despilfarro público, tan frecuentes en los países latinoamericanos. El siguiente, es un resumen obtenido del archivo por internet en PDF: “A la manera nórdica”, escrito por los catedráticos e investigadores suecos: Klas Eklund, Henrik Berggren, Lars Trägårdh, Kristina Persson y Emelie Persso: En el índice de competitividad global, del Foro Económico Mundial, los países nórdicos siempre encabezan o están cerca de los primeros lugares en aspectos tales como: competitividad, productividad, crecimiento, calidad de vida, prosperidad, igualdad, entre otros. Klas Eklund, profesor de Economía en la Universidad de Lund, sostiene que lo que debemos perseguir: no es un “modelo nórdico” libre de crisis, sino una “experiencia nórdica”, es decir, las eficaces formas de superar crisis profundas. Muchos ven a los países nórdicos como una especie de compromiso, punto medio o tercera vía entre socialismo y capitalismo. Este no es para nada el caso, según BerggrenTragardh; para quien es más bien la combinación entre el individualismo extremo y un Estado fuerte, que ha logrado desarrollar el terreno de mercado fértil para una economía eficiente. El rendimiento económico nórdico se ha visto favorecido por: costos operativos bajos gracias a la confianza social, el respeto a la Ley y los bajos niveles de corrupción.

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